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30-07-2014
MONTAÑA

> la evolución del calzado

La historia de un fiel compañero

Hace 65 años, aproximadamente, la adhesión de materiales compuestos en su totalidad por caucho constituyó un señalado avance dentro del desarrollo del calzado para montaña. Gracias a la multiplicidad de características amparadas bajo este componente, el calzado especializado consiguió ser un producto de gran durabilidad, calidad, dureza y adherencias. El caucho, aplicado a las botas de antaño, permitió soportar con mayores garantías el recorrido de las ascensiones. Igualmente, desde entonces hasta el inicio de la década de los 80, el calzado de piel fue el protagonista durante todas las expediciones realizadas en los Alpes, en los Andes y en el Himalaya. 

A partir de los años 80, las carcasas de plástico tomaron la voz cantante sobre las tradicionales pieles para proporcionar, en condiciones de frío extremo, protección térmica al alpinista. Sin embargo, este hecho no simbolizó la desaparición plena del calzado clásico. Las botas de piel transmitían mejor las sensaciones de agarre y tracción durante el trayecto; además, eran capaces de facilitar mayor control sobre la pisada y un obtener unas cotas nada despreciables de transpirabilidad. 

Con el transcurso de los años han surgido diversos métodos tales como los tratamientos hidrófugos, encargados de hacer que el zapato permute hasta dotarse de impermeabilidad manteniendo su capacidad de expulsar nuestro sudor. Por si fuera poco, también se han incluido en las botas para alpinismo forros interiores proporcionan con mayor retención térmica.

Trekking: multiplicidad de opciones
El calzado debe albergar una serie de características: acercarnos al medio natural, además de mantenernos protegidos, es una de ellas. Debe cubrir una función sensitiva y dejar que nuestros pies sean capaces de percibir las formas del terreno. Cabe destacar que  no todas las botas de trekking son indicadas para afrontar cualquier condición meteorológica. A pesar de todo, el mejor calzado corresponde a aquella elección que se adapta a distintas necesidades y lo más importante, a nuestra anatomía. 

Los expertos suelen apuntar la existencia de diferentes botas de trekking según el terreno escogido. En este caso podemos encontrar calzado ligero, mediano e intensivo para nuestra práctica. A priori, si utilizamos una bota flexible, propicia para el trote, poco marcada y transpirable, lo más seguro es que la actividad que vayamos a realizar se produzca en pistas y senderos, y con buen tiempo. También existe el calzado de nivel medio con una suela bastante más marcada que la anterior y que posee una tracción, durabilidad, estabilidad y sujeción. Por lo tanto, el uso de la bota media está destinado a caminos parcialmente o totalmente rocosos.

Por último, cabe destacar el calzado intensivo. Esta bota requiere un taco duro, una puntera reforzada, mayor durabilidad que las dos anteriores, amortiguación, estabilidad y una composición resistente. Por eso mismo, este tipo de bota ha sido especialmente diseñada para alpinistas que cargan con todo lo necesario para llevar a cabo una larga excursión o una expedición. 

Sin apartarnos de la fisiología de la bota, cabe apuntar que el calzado no será el mismo para las actividades de alta montaña invernales como para la práctica en épocas de temperaturas más agradables. En caso de querer aprovechar los meses de frío extremo necesitamos un zapato, que aparte de cómodo, se mantenga rígido, resistente y cálido en su interior, o básicamente que permita aislar nuestro pie expuesto en el exterior. El botín de alta montaña suele estar constituido por un interior de tela y una carcasa compuesta por plástico en el exterior.

Asimismo, los materiales utilizados para el interior del calzado deben tener propiedades térmicas, y ayudar a mantener la temperatura corporal en cualquier situación por extrema que sea. Por otro lado, la carcasa de plástico buscará ser impermeable y ayudarnos en los cambios ocurridos en el clima. 

No solo debemos tener en cuenta las posibilidades de diseño y aportaciones del calzado propuesto para las épocas de mayor frío, es más, podemos comprobar que existen alternativas de cara a las temporadas más cálidas del año. El calzado anfibio, por ejemplo, combina el tejido habitual con rejillas que ayudan a imposibilitar pequeñas molestias y que son, físicamente, preparadas para los días de mayor calor. Aunque poco recomendables para extensas caminatas, suelen ser las escogidas para labores de menor riesgo. Pueden parecer poco elaboradas pero, este calzado, ha sido estratégicamente creado para realizar otras actividades de menor extensión. 

Como hemos podido comprobar, existen infinitas posibilidades de elegir el calzado que creamos con mayor utilidad para según qué queramos practicar y dependiendo de la temperatura.

 

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