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30-07-2014
MONTAÑA

> En la montaña hay que andar con mil ojos

Bien arropados

En el outdor, a diferencia de otros deportes, no sólo nos enfrentamos a nuestras limitaciones físicas (o psíquicas); también “luchamos” contra el entorno. Y debemos jugar con ventaja. Nos podemos enfrentar a situaciones de frió, calor, nieve, lluvia, viento… y es importante que estemos preparados para sobreponernos. Nuestro cuerpo debe estar protegido ante este tipo de inclemencias porque de nos ser asi, podemos poner en riesgo nuestra aventura y nuestra salud. 

El textil, con permiso del calzado, es el producto estrella del material outdoor. Y lo es, básicmanete, por su importancia a la hora de protegernos. En cualquier deporte la clave para no ver nuestro rendimiento mermado es mantener la temperatura corporal a una temperatura estable, de entre 36,8 y 37,5ºC. Estos 0.7 ºC de margen son determinantes para nuestro bien estar y nuestras prestaciones a nivel deportivo. Cuando la temperatura del cuerpo se acerca a los límites de esta zona de tolerancia las cosas pueden torcerse. 

Los mecanismos que tiene el cuerpo para autoregular su temperatura tienen un límite y es aquí donde juega un papel clave el textil técnico, cuyo objetivo, a grandes rasgos, es mantener el confort cuando el frío, el viento, el agua o el calor amenazan nuestro rendimiento. 

Hay que escoger bien las prendas que nos pondremos y cómo nos las pondremos. Lo de ir como una cebolla a la montaña está tan desfasado como los jerseys de lana. Ahora es importante apostar por cuantas capas mejor y que cada una cumpla la función que debe cumplir. Y aquí es donde entra la archiconocida teoria de las tres capas, la mejor fórmula, sin duda, para crear alrededor de nuestro cuerpo un microclima confortable y capaz de ajustarse a la temperatura y a la intensidad del esfuerzo que estamos realizando. 

Primera capa: segunda piel 

La primera capa, obviamente,es la que está en contacto con nuestra piel. Su principal finalidad es ayudar al cuerpo a evaporar el sudor de nuestro cuerpo y mantenernos secos para, asím, poder mantener nuestra temperatura de confort. En este sentido, más allá de su capacidad térmica, lo que es importante es que sea una prenda muy transpirable, que expluse el sudor hacia el exterior y seque rápidamente. Al estar en contacto con la piel, también es importante que sea cómoda y ligera, además de tener un buen ajuste, sobre todo en invierno, para evitar corrientes de aire que enfríen el sudor. 

En cuanto a los materiales, debemos evitar, lógicamente, tejidos que se empapen con facilidad, como el algodón. La mayoría de marcas apuestan por el poliéster, un tejido extremadamente transpirable e hipoalergénico, y que puede combinarse con facilidad con el elastano –sobre todo en prendas ajustadas o de compresión-, y con tejidos que incorporan iones de plata y que aportan a la prenda una capacidad antimicrobiana. Últimamente algunas marcas también están “recuperando” la lana (merino) por su gran poder aislante y por su capacidad para absorber agua sin que el exterior de la prenda este húmeda. 

Este tipo de prendas son muy importantes en invierno – especialmente las líneas térmicas- y, sobre todo, en verano, puesto que en un clima como el nuestro, serán la única prenda superior que llevemos. 

Segunda capa: aislamiento
La función de la segunda capa es, básicamente, aislarnos térmicamente. Aunque muchos crean lo contrario, esta capa no tiene como objetivo calentarnos, sino retener el calor generado por el cuerpo e impedir su enfriamiento. Es decir, no calientan, sino que evitan que el cuerpo se enfríe. Las opciones son infinitas, pero siempre debemos buscar una segunda capa que garantice un gran poder de retención del calor, una buena capacidad para evacuar el vapor de agua, que sean ligeras y que repelan la humedad. Esta capa es, seguramente, la que más variedad de prendas –y tejidos- ofrece, aunque seguramente el polar o fleece (en varios pesos) sea el tejido más recomendable. 

En cuanto a sus prestaciones, por encima de todo debe tener una buena capacidad de transpiración para que el sudor siga su camino al exterior. Hasta no hace mucho tiempo, el gran defecto de estas prendas es que tenían una escasa capacidad de impermeabilidad y tampoco eran cortavientos. Eso nos obligaba, en según qué condiciones, a llevar una tercera capa en nuestro equipaje, podemos tener problemas.

Por suerte, en los últimos años los principales fabricantes de forros polares han conseguido ganar en impermeabilidad sin perder transpiración, creando segundas capas muy ligeras, capaces de retener el calor perfectamente, de evitar que la lluvia traspase el tejido y con una gran capacidad cortavientos. Prendas que, en determinadas condiciones, pueden “suplantar” la tercera capa, de ahí que muchas marcas las hayan catalogado de capas mixtas o SoftShell. Son, básicamente, muy versátiles que, a pesar de no haber sido diseñadas para sustituir ni a un forro polar ni a las prendas impermeables de la tercera capa, pueden cumplir su función y ofrecer, además un buen equilibrio entre transpiración y protección frente al agua y el viento.

Son prendas diseñadas para actividades de mucha intensidad en las que las condiciones de frío, viento y humedad no sean extremas. 

Tercera capa: protegernos de lluvia y viento 
La tercera y última capa tiene como principal función protegernos del viento y el agua –lluvia, nieve o humedad-. No se trata de una capa aislante, pero lógicamente su impermeabilidad al agua y al viento es fundamental para impedir que el cuerpo se enfríe. Y aunque en cada una de las capas anteriores es importante elegir bien la prenda por la que apostaremos, el papel de esta tercera capa es, seguramente, el más importante, básicamente porque protege todo el sistema creado debajo de ella. 

Las dos propiedades técnicas básicas en estas terceras capas –impermeabilidad y capacidad cortavientos- se logran, generalmente, a través de una membrana adherida al tejido. Y tanto la elección del tejido como de las membranas es importante: del tejido dependen aspectos tan importantes como la resistencia a la abrasión, la durabilidad, el peso o el volumen de la prenda, mientras que la membrana debe garantizar la impermeabilidad al viento y al agua y, sobre todo, la permeabilidad al vapor de agua (para favorecer la transpiración). 

Las membranas pueden diferenciarse, a grandes rasgos, en dos tipos, en función de su laminado: las de dos capas, y las de tres. En el primero la membrana se adhiere a un solo tejido, mientras que en el tres capas, la membrana está en medio de dos tejidos distintos. Con el de dos capas se gana ligereza y maniobrabilidad pero se pierde resistencia y protección; con el tres capas de alta montaña que deben soportar grandes cargas y rozamientos- se logra una alta resistencia a la abrasión, una buena protección (el tejido interno puede ser, incluso, aislante) pero obviamente se pierde flexibilidad y transpiración. 

Y estas son las claves del sistema de capas. Poco más que decir, aunque es importante tener en cuenta, también, que cuando elegimos la ropa para ir a la montaña no podemos descuidar los calcetines. Para algunos es algo secundario, pero quienes hacen deporte habitualmente saben perfectamente que es una pieza básica. Y en la montaña, todavía más. La oferta es infinita, y las prestaciones que nos aseguran son bastante similares, pero como en el sistema de capas, debemos buscar calcetines que nos ayuden a conservar el calor que producen los pies y, a la vez, transpirar lo suficiente como para no tener esa horrible sensación de pies calientes. También es importante que incorporen refuerzos en aquellas zonas donde se produce más fricción, para evitar las ampollas, sobre todo, y que tengan propiedades antibacterianas para evitar infecciones. 

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